domingo, 24 de abril de 2011

Pequeño Saltamontes

La otra noche (tarde) volvía por Anchorena y me la crucé a la que fue mi analista. La cuadra esa entre Jucal y French es oscurísima y yo iba con las manos en los bolsillos y mirando para abajo, pero ella conversaba con su marido y -aunque no nos veíamos desde hace más de un año- después de tanto escuchar desde el diván una voz que hablaba a mis espaldas la reconocí enseguida. Hizo una pausa casi imperceptible en su charla la verme, nos saludamos con una inclinación de cabeza silenciosa y cordial y seguimos caminando.

Justo antes de doblar hacia Laprida hice un repaso rápido de cuál era mi (incipiente, por donde se la mire) situación emocional-académica-habitacional-amorosa en el momento en que decidí dejar de ir a terapia y la comparé con los mismos aspectos de mi (madura, por donde se la mire) situación actual. Di vuelta la cabeza como buscándola, pero ya había entrado a su casa, que además era su consultorio. Sonreí, me levanté las solapas del abrigo; le dije en voz alta, como si acaso me oyera, que "Mirame, che, costó pero algo aprendí después de todo" y entendí un poco a esos pacientes rompebolas que meses después de que les den el alta vuelven al hospital para alguna gansada y te persiguen por el pasillo para saludarte, contarte lo bien que anduvieron con el reemplazo valvular y hacerte escuchar el clic clic clic clic de la prótesis.

lunes, 18 de abril de 2011

Oráculo Sintético


De mi relación con A. tengo muchos recuerdos lindísimos, algunos no tan lindos y unos pocos bien feos. Alguno me podrá decir que en realidad los feos seguramente eran más y que en realidad estoy haciendo lo mismo de siempre, disecando y quedándome solamente con los que no me resultan dolorosos. Yo le podría contestar que a lo mejor sí pero que no tanto, porque hay uno (dos, a decir verdad, pero el otro me lo guardo) que se me hace especialmente perturbador.

En el último de los cumpleaños de A. que pasamos juntos yo hice, para variar, las veces de marido ejemplar (si yo prefiero acordármelo así pero en realidad fue de otro modo es algo que honestamente me tiene sin cuidado). En un momento determinado de la noche sentí una angustia enorme y espantosa y la única idea que me ocupó el zapallo y que tapó a todas las demás fue la de "¿Qué es todo este circo? ¿Qué mierda hago sosteniendo todo esto que sé perfectamente que hace ratos que se fue a la mierda? ¿Qué hace toda esta gente en mi casa? ¿Qué carajo hablan de 'Un año más' y 'El año que viene'? La puta que los parió, silencio y váyanse de una vez, yo el año que viene no voy a estar acá, no tengo idea de adónde voy a estar pero te juro por lo que más quiero que acá no.". Una cosa de un instante, ¿eh? Un microsegundo de esa sensación de vacío incontrolable, de encerrarme en el baño con un nudo ballestrinque en la epiglotis y unas náuseas que no te las saca ni el ondasentrón y enseguida lavarme la cara con agua helada de fines de julio y seguir como si tal cosa con el cuentito ese de Betty Draper y bailar y brindar y de feliz cumpleaños y ahora traigo más tacos con guacamole.

Por supuesto que al año siguiente yo estaba en otro lugar y con otra gente, pero esa es otra historia.

domingo, 3 de abril de 2011

Cartas de mamá II

from: me
to: mamá
date: 28 March 2011 00:54
subject:

(...) y por eso, estoy harto de mi vida, quiero que me regales un esclavo de alguna tribu wichi para que vaya a trabajar por mí mientras yo tomo té y duermo la siesta.

Besos.

j.


from: mamá
to: me
date: 28 March 2011 15:23
subject: Re:

Los integrantes de la etnia wichi tienen una gran desventaja, inherente a su cosmovisión para ser reducidos a la esclavitud: JAMÁS, por ningún motivo, ni a pedido de nadie mienten. Eso te crearía serias dificultades porque, cuando acudan a la puerta de tu palacete multitudes indeseables, el indígena los hará pasar y no habrá dios que lo convenza de repetir impertérrito "milord no se encuentra". Sugiero que indagues por el lado de los guaraníes u otra etnia que todavía tenga en claro su inferioridad.

Besos.