miércoles, 23 de febrero de 2011

Karma Chameleon

Ella me decía hoy que -por lo general escapándose de algo y desoyendo todas las advertencias- en ocasiones uno se convence sí mismo y al resto de ciertas cosas y se acomoda en una realidad y un contexto que le hace bien y en el que se siente seguro pero en el que -en el fondo sabe- no tiene un lugar a largo plazo.

Habitualmente las cosas van bien durante un tiempo. Después a veces empiezan a morirse de a poco porque hay algo fundamental que falta, y otras terminan de golpe cuando te das de jeta contra eso de lo que te estabas escapando y cuando ese warning que al principio no era más que un leve escozor se transforma en un dolor insoportable que no te deja ni pensar y al que no podés seguir ignorando.

¿Qué? ¿El karma? No, no, a mí no me corras con el misticismo. El karma no es más que la profecía autocumplida, es dejar que la culpa te gane y te impida disfrutar de algo que te costó mucho conseguir y que a fin de cuentas es lo que siempre quisieron.

Es dificilísimo ser feliz sabiendo que para que eso pase hay otros tantos que están sufriendo mucho pero, ¿qué se supone que hagas? ¿Seguir mintiéndote a vos mismo? La boca se te haga a un lado.

sábado, 12 de febrero de 2011

39º


Una cosa que me gusta de cuando tengo fiebre muy alta es ese paulatino aclarar de las ideas que se produce mientras baja, el cómo se esfuma despacio pero sin pausa el estado de confusión y delirio hipertérmico a medida que la dipirona hace efecto. Adivinás la hora por la luz que entra por la ventana (deben ser las 6 o 7 de la tarde), estás acostado solo en la mitad de la cama, los brazos estirados, empapadísimo en transpiración, la boca con la textura de un cardón, la gata moviéndose un poco porque no entiende del todo qué pasó que se apagó el horno, y te quedás pensando cuánto hay de real y concreto y cuánto de idealización y neuronas fritas en toda la procesión que fue por dentro durante el rato (esas horas) en que el hipotálamo puso el set point donde se le cantó el orto y no en estos plácidos y saludables 36.5 grados.

Un día te das cuenta de que hay fluires de la conciencia que ya no podés seguir escribiendo acá. Por suerte hay algunos otros que sí.