lunes, 22 de noviembre de 2010

My Blueberry Nights



Había uno que me decía que te parecés a Jude Law. Si fuera su psiquiatra pediría interconsulta con oftalmo, pero en fin.

Justo esta tarde hice pie de arándanos.


Katya: Sometimes, even if you have the keys those doors still can't be opened. Can they?
Jeremy: Even if the door is open, the person you're looking for may not be there, Katya.

***

Elizabeth: It wasn't so hard to cross that street after all, it all depends on who's waiting for you on the other side.

martes, 9 de noviembre de 2010

Epicrisis

A este Gerardo lo conocí un poco después que al otro, apenas empezando a cursar en Elhospital, con Caetano de fondo y una reticencia marcada y post-traumática a involucrarme con nada o con nadie de la que todavía me queda un resto. 83 años, ingreso por neumonía adquirida de la comunidad, diabetes emocional, astenia y adinamia, separación reciente, sonrisa compradora, tos y expectoración mucopurulenta y fiebre de siete días de evolución, fama de buen cocinero y artista plástico (no cambiás más vos, ¿eh?), disnea de clase funcional III-IV, tórax en frazada, antecedentes de ceá de próstata, y yo que no le escuchaba ni un crepitante ni un nada porque no sabía ni cómo ponerme el estetoscopio.

La última vez había sido diarrea y un cuadro confusional por deshidratación en el que me confundía a mí con su hijo y a mí con su ex y me gritaba desde la cama que la fuera a buscar a su mujer que seguramente había dejado las llaves de su casa puestas en la puerta y qué estás tomando tan temprano, pará con las pastillas vos, un poco en serio y un poco en broma, y yo un poco me reía y otro poco quería ahogarlo con la almohada para que se calle un segundo y me dejara abrazarlo en silencio antes de dormir y auscultarlo y palparle ese hígado lleno de metástasis en paz.

Los dos Gerardos siempre me dijeron que qué prolijitas y calentitas que tenés siempre las manos vos, eh, como si no vieran que cuando no tengo un dedo semiamputado porque me lo corté deshuesando pollo tengo la mitad de la mano con quemaduras de séptimo grado por hablar por teléfono mientras cuelo los fideos.

A las dos Verónicas (hija de uno y amiga del otro) también siempre les caí bien, cosa rara porque no suelo ser muy afectuoso cuando estoy bajo presión o me siento amenazado.

Con los dos Gerardos también en un punto era todo crónica de una muerte anunciada, esos pacientes que sabés que es únicamente una cuestión de tiempo para que todo se termine, una sucesión de momentos y de mambos mentales por los que vos ya pasaste, y saber que inevitablemente desde el momento en que la respuesta al "¿Y vos por qué estás de novio y te vas a ir de vacaciones con un tipo que lo único que hace es sabotearte y controlarte que te consume y con el que sabés que no tenés ningún futuro? Además de inercia, comodidad y miedo, digo." de tu analista es un mirar desde el diván por la ventana del consultorio que da a Anchorena y un silencio largo y dolorosísimo hasta ese otro momento en el que finalmente trasladás al plano de lo fáctico ese deseo inconsciente y después de tres años te separás de una reputísima vez va a pasar mucha agua y muchos tipos y mucho leuprolide y ampi-sulbactam bajo el puente, y vos no podés quedarte a un costado expectante no tanto porque no quieras o porque sientas que no tenés nada que hacer ahí como porque al contrario, por tu archiconocida incapacidad para el multitasking sabés que en todo caso ahí está lo único que podés hacer, y no querés que sea eso.

Y el resto es mandarle a un Gerardo un mail de esos que deberían tener el tag "Diarrea emocional" para dar todo por terminado y a la mañana siguiente después de ahogar con tu hermana las penas en vino, miel y THC ver el nombre del otro Gerardo en la pizarra y sentir ese coso que antes de preguntar que "qué pasó con el de la 312/2, doctor" ya te está diciendo de memoria con ese tonito monocorde y gélido de historia clínica que paciente séptico, hipoperfusión generalizada, fallo multiorgánico, laboratorio que dice incompatible con la vida en lucecitas de colores, paro cardiorrespiratorio no traumático. "Pero vos sos lo más inconmovible y frío que hay en este hospital, J., ¿en serio te habías encariñado con ese viejo de mierda? ¿Estás bien? Andá a lavarte la cara de sapo con ojos hinchados que si el Dr. M. pregunta yo le doy tu historia para que te la corrija. Te diría que te tomes algo pero vos sabés más de eso que yo, don Pastilla."

Después es ir a verla a esta Verónica y que te cuente las mismas anécdotas del padre por vez número 93 y te compre un chocolate enorme porque "Mi papá se acordaba siempre de vos" y termine consolándote más ella a vos que vos a ella, aunque no sabe que llorás por los dos Gerardos pero más por uno que por el otro.

Él dice que mi vida a veces parece un capítulo de Grey's Anatomy. Tiene razón.

sábado, 6 de noviembre de 2010

It Was A Strange Time In My Life

Lo bueno de ser yo y de que mi vida apeste es que siempre tengo bajo la manga un par de excusas (tengo toneladas para leer / me quedaría a dormir pero si llego tarde otra vez me van a echar / hace cuatro días que no duermo / rindo el lunes / salgo a cualquier hora / tengo que cubrir a un compañero con una clase y termino tardísimo / estoy muerto / me limó el laburo / no, no me pasa nada, cansancio nomás / si no termino este review para hoy mañana me inician un sumario) que todo el mundo me cree. Lo malo es que la mayoría de las veces son ciertas.