miércoles, 11 de agosto de 2010

After office

Una tarde entresemana, Bárbaro, mesa nicotínica en la vereda a pesar de la llovizna. Sigo con la vista por dos segundos a un oficinista de traje y me burlo de mi propio fetiche. Me encanta charlar con A. porque gesticula muchísimo cuando habla:

-Vos cambiás los nombres según la ocasión, pero en el fondo tu vida sentimental es siempre más o menos parecida. Digo, siempre es un "Está V que me encanta pero que etcétera con el ex; y también W, X, Y, Z que están buenísimos y me aman y me stalkean sin parar pero que a mí no me mueven un pelo", ¿no?

Me sonrío y le hago a la moza un gesto que en otro contexto podría significar "Se te están quemando las tostadas", "Para mí sin azúcar el té", "¿Acá para el 102?" o incluso "Doctora, el paciente de la 611 está con clínica de edema agudo de pulmón", pero que los dos interpretamos claramente como "¿Me traés dos cervezas más y la cuenta?".

Demasiadas verdades para un miércoles. Por suerte salí sin paraguas: caminar bajo la lluvia te aclara las ideas.