domingo, 28 de marzo de 2010

Disociación Libre

En Medicina hablamos de de disociación clínico-radiológica cuando (por ejemplo en al menos la primera etapa del SARS) la gravedad del cuadro clínico del paciente no se correlaciona con la imagenología, que es relativamente normal.

Es muy común que sienta algo parecido con mi edad cronológica (veintitrés) y mi edad psíquico-espiritual (imposible de definir).

Yo creo que es porque en realidad –aunque soy flaquito- adentro mío vive mucha gente. Una señora mayor que te dice a una cuadra de distancia si te conviene o no te conviene comprar esos tomates y que apenas se mudó fue al balcón a acariciar y a preguntarle qué le pasa a una plantita de orégano que está medio mustia; un nene de seis o siete que queda estupefacto del éxtasis con un gato que es particularmente apretujable y que se muere de amor con un flan con dulce de leche; un adolescente de 17 para el que a veces la mejor terapia del mundo es bailar hasta arañar la rabdomiólisis y que todavía se banca rockearla entresemana y al día siguiente seguir con su rutina con cierta normalidad ojerosa; una cincuentona que dice “mi ex marido” y se ríe fuerte y extendiendo la cabeza hacia atrás mientras toma vodka tónic (esta rodaja es de limón, querido, te pedí lima, ¿me lo cambiás por favor?); una Betty Draper que no sabe bien cómo ni por qué, pero tiene el dudoso don de transformar en perfectas ciertas situaciones y que muchas veces tiene que explicar que “Pero qué te pensás, salame, ¿que porque te sonrío así, te doy un beso debajo de la lluvia y te preparo el desayuno con café recién molido me quiero casar con vos? No, no necesariamente, lo hago sólo porque no puedo tolerar que las cosas sean de una manera cuando podrían haber sido más lindas.”; y también uno de veintipico que juega a ser él mismo y además ser toda esa otra multitud, y que siente una cosa lindísima e imposible de explicar cuando después de ver a un paciente escribe lo que le dice algo que tampoco puede explicar, que se le mueve como oscilando entre el mediastino y la laringe y que le dicta casi a los gritos “diagnóstico presuntivo, dos puntos, etcétera”.

7 comentarios:

Penélope dijo...

Me caes taaan bien....ja, me da mucha ternura la forma en que te describis....
Un besito

Una tímida y Asidua Lectora Anónima dijo...

Amo el modo en que te imagino al leerte. Amo pensar que hay personas en el mundo como tú, y que sólo es cosa de abrir los ojos, buscar un poquito, tener paciencia y darse cuenta de que están a la vuelta de la esquina, escondidos tras un libro, tomando un café, cocinándole a un ser amado y así... Amo descansar en la idea de que todavía puedo conocer a alguien tan parecido a tí en eso tuyo que más me gusta y que probablemente me he construido sólo leyéndote, y al mismo tiempo tan diferente, pero perfecto en sus formas.

Me encantó tu post, adoro esa sensación de rescatar la gracia de la humanidad, aquella que a veces creo perdida, gracias por ayudarme a verla esta noche.

Lolo dijo...

Imagino que debe ser difícil vivir consigo mismo, por eso debe ser que le profeso tanta admiración y tanto odio al mismo tiempo. De todos, igual, me gusta la vieja cincuentona.

Betty Carol dijo...

Yo soy amiga del adolescente, por el rock y de él mismo de veintipico, por la ñoñez médica.

Adriancito dijo...

quiero fumarme un buen faso con ud señor.

Charlotte dijo...

Me colgué con que claro que no es lo mismo el limón que la lima en el Vodka Tonic. Y eso que todavía ando lejos de los 50.

melquíades dijo...

penélope: :)

tímida y asidua lectora: gracias por el piropo! espero merecerlo, al menos en parte. :)

lolo: ud mejor déjese de admirarme y devuélvame mi molinillo de pimienta. Lo odio con vehemencia.

betty: la vieja y ud hacen la mejor dupla que existe en la cocina! La amo.

adriancito: bueno, pero en realidad a mí el porro me pone bastante antisociable, creo que es por eso que no me gusta.

charlotte: alguien que me entiende!