martes, 30 de marzo de 2010

Negación

¿Vieron que hay gente que va por la vida quejándose de una vulgar cefalea tensional y que cuando les preguntás si "¿Tomaste algo?" responden como si les hubieras ofrecido heroína que "No, no, a mí no me gusta andar metiéndome cosas raras en el cuerpo"? ¿Salemes que prefieren quedarse duros en la silla sin poder moverse por un trapecio contracturado antes de tragar un vil diclofenac? ¿Imbéciles que se sienten que son más fuertes, mejores personas o más puros porque prefieren vivir con dolor (que, vamos, por definición es algo displacentero y que preferiríamos que no esté) y no tomar alguna forrada de venta libre? Bueno, no los aguanto y quiero que les dé un cólico renal para decirles cuando los vea pidiendo de rodillas morfina en una guardia que "Ah, no, no, por algo te duele. El dolor es algo natural, los fármacos no." Pelotuditos.

domingo, 28 de marzo de 2010

Disociación Libre

En Medicina hablamos de de disociación clínico-radiológica cuando (por ejemplo en al menos la primera etapa del SARS) la gravedad del cuadro clínico del paciente no se correlaciona con la imagenología, que es relativamente normal.

Es muy común que sienta algo parecido con mi edad cronológica (veintitrés) y mi edad psíquico-espiritual (imposible de definir).

Yo creo que es porque en realidad –aunque soy flaquito- adentro mío vive mucha gente. Una señora mayor que te dice a una cuadra de distancia si te conviene o no te conviene comprar esos tomates y que apenas se mudó fue al balcón a acariciar y a preguntarle qué le pasa a una plantita de orégano que está medio mustia; un nene de seis o siete que queda estupefacto del éxtasis con un gato que es particularmente apretujable y que se muere de amor con un flan con dulce de leche; un adolescente de 17 para el que a veces la mejor terapia del mundo es bailar hasta arañar la rabdomiólisis y que todavía se banca rockearla entresemana y al día siguiente seguir con su rutina con cierta normalidad ojerosa; una cincuentona que dice “mi ex marido” y se ríe fuerte y extendiendo la cabeza hacia atrás mientras toma vodka tónic (esta rodaja es de limón, querido, te pedí lima, ¿me lo cambiás por favor?); una Betty Draper que no sabe bien cómo ni por qué, pero tiene el dudoso don de transformar en perfectas ciertas situaciones y que muchas veces tiene que explicar que “Pero qué te pensás, salame, ¿que porque te sonrío así, te doy un beso debajo de la lluvia y te preparo el desayuno con café recién molido me quiero casar con vos? No, no necesariamente, lo hago sólo porque no puedo tolerar que las cosas sean de una manera cuando podrían haber sido más lindas.”; y también uno de veintipico que juega a ser él mismo y además ser toda esa otra multitud, y que siente una cosa lindísima e imposible de explicar cuando después de ver a un paciente escribe lo que le dice algo que tampoco puede explicar, que se le mueve como oscilando entre el mediastino y la laringe y que le dicta casi a los gritos “diagnóstico presuntivo, dos puntos, etcétera”.

martes, 23 de marzo de 2010

Consultorio Sentimental

Imaginemos una situación como la que sigue:

Un mozalbete de entre 20 y 25 que se despertó antes de las 6 am y que alrededor de las 21.30 está escuchando música mientras vuelve en colectivo a casa de sus padres porque -como si su vida no fuera basalmente un infierno lo suficientemente espantoso- está en mitad de una mudanza. Si se fijan con un poco de detalle verán que su día seguramente fue larguísimo y lo suficientemente ajetreado como para no tener tiempo de cambiarse de ropa entre el hospital y la oficina, y también van a ver transudar que está contento porque se acuerda de que en la heladera tiene salamín, queso y una cervecita esperándolo.

En un momento determinado nota que hay otro chico muy lindo sentado en el asiento de enfrente que lo mira y sonríe. Está a punto de devolverle el gesto, pero se da cuenta de que hace quién sabe cuánto que está cantando en voz bien alta. Le da un poquito de vergüenza, se sonroja, se ríe de él mismo y clava la vista en un punto infinito del otro lado de la ventanilla para pasar el bochorno.

Al rato se pone a pensar en las cosas que tiene que terminar antes de irse a dormir, se olvida del incidente, y cuando toca el timbre siente que el Adonis lo toma suavemente del brazo y le pregunta:

-¿Qué era eso tan lindo que estabas cantando?

Nuestro antihéroe lo mira, sonríe, responde con naturalidad que "She & Him", y se baja. Fin de la historia.

***

Capitán Intriga es un blogger talentosísimo al que todos admiramos, pero además es un montón de otras cosas. Por ejemplo, un altruista que quiere el bienestar y la felicidad del prójimo por sobre todas las cosas; y chapeando esa parte de su multifacética personalidad es que nos propuso a Elena y a ser parte de un proyecto orientado a evitar que se desaprovechen situaciones como las del relato que precede estas líneas y que -acuérdense de lo que les digo- revolucionará el concepto de autoayuda.

Nosotros dos también somos un montón de cosas (alcohólicos, erotómanos, gmail dependientes, oriundos del Conurbano, fanáticos de Natural Deli), pero sobre todo cholulos, así que -aunque nos encanta hacernos rogar- automáticamente dijimos que sí.

Si cualquiera en la situación de nuestro protagonista hubiera conocido la existencia del Consultorio, en lugar de hacer cualquier pelotudez hubiese sacado su telefonito, hecho una pregunta en este formspring.me/ConsultorioSent o mandado un méil a consultoriosentimental@soncosasmias.com y sentado a esperar la solución a todos sus problemas.

Y vos, querido, pedazo de mamerto, para la próxima, le decís que "Ah, es una banda nueva, pero nunca me acuerdo el nombre. Hagamos una cosa, me anotás tu mail acá y cuando llego a casa la busco, te arego a gtalk y te lo paso, ¿qué te parece?".

Y siempre recuerden, cuando nuestra solución no los satisfaga, cuartito de clona, gintónic y voilà.


El diseño es del geño de willito, OBVIO.

domingo, 21 de marzo de 2010

Dialogue Box

-Es que yo te amo…

-No, no me amás. Eso no es amor. Te gusto, en todo caso.

-Te digo que estoy enamorado de vos, yo sé cuándo me gusta alguien y cuándo estoy enamorado.

-¿Cómo sabés la diferencia? ¿Estuviste enamorado en serio alguna vez?

-Sí. Bueno, más o menos.

-¿Entonces cómo sabés?

-Porque sé. Porque me duele, por eso.

-Hum, ¿cómo te duele? ¿Cuánto te duele?

-¿Me estás cargando? ¿Qué te pensás, que soy alguna de las viejas cagadas que tenés de pacientes? ¿Cómo que cuánto y cómo me duele?

-Claro, dolor punzante, cortante, opresivo, ardiente…

-Sos un idiota.

-Dale, de uno a diez, ¿cuánto te duele? –hay determinados conocimientos que terminás usando en el momento y en el lugar menos pensado; a veces pienso que there’s no such a thing as escisión entre lo racional y lo emocional en mi mente.

-¿De uno a diez? Te cagaría a trompadas. Como catorce me duele, pelotudo.

-Hum, entonces tenemos un problema. Estás enamorado, es cierto.

-Claro que sí, ¿no te digo?

-No, pero es que no puede ser. Vos no me conocés, nos vimos ni siquiera una vez entera en la vida, a lo sumo media vez. No te podés enamorar de alguien si no lo conocés.

-Sí que te conozco. Sé que te gusta el té; se cómo se llaman tu prima, tu hermana, tus mejores amigos y tu jefe; que te gusta cocinar; que te molesta que te pregunten pelotudeces; que no tolerás el edulcorante…

-¡Eso no es nada! Eso lo sabe hasta la chica que atiende en el comedor de la oficina. Yo soy mucho más que eso, soy un montón de cosas que no conocés y probablemente tampoco conozcas nunca, un par de esas cosas están buenas y otra buena cantidad son una mierda así de grande. Vos no conocés lo más importante que hay que conocer para enamorarse o dejar de enamorarse de alguien, que son las cosas cotidianas. No hay ningún lugar posible para el amor si no sabés no sé, qué expresión tiene el otro cuando se despierta, cómo huele cuando está apenas transpirado por subir corriendo la escalera, cómo se le pone la piel de la nariz cuando le dio un rato directo el sol del mediodía, cómo le quedan los ojos después de reírse mucho, qué hace con las manos después de besar o de coger, a qué le tiene miedo, qué cosas lo sacan del molde o lo ponen muy triste, ¿entendés?

-No. O sea, sí, pero no estoy de acuerdo.

-A ver, vos no te enamoraste de mí. Vos te enamoraste de una construcción que hiciste de mí en tu cabeza y que quién sabe cuánto tiene de mí y cuánto de un millón de otros objetos de tu deseo que estás proyectando sobre mi figura.

-No parás ni un segundo de pensar, ¿no? ¿No te cansás por momentos?

-Jamás.

domingo, 14 de marzo de 2010

Básicos IV

Una de las cosas que terminó inclinando la balanza hacia el lado del “te voy dejando” con mi última seudo relación fue que me mandara mientras yo estaba de vacaciones un mail donde escribió va cuando quería decir bah. OK, a lo mejor el contenido del mail también influyó un poco.

Creo que jamás me quedará del todo claro si es por gourmet o por gordo, pero para mí la gran mayoría de las cosas giran en torno a la comida. Septiembre no es el mes de mi cumpleaños, es el mes donde empieza a haber alcauciles, espárragos y frutillas; P. no vive en Recoleta, vive a la vuelta de Natural Deli y en la esquina de ese otro donde hacen sándwiches tan ricos; la casa de C. no está en Colegiales sino cerca de Le Blé y de L’epi; invierno no es tanto ropa de lana y oscurecer temprano como sopa de zapallo, dulces caseros y hacer muchas cosas en el horno; antes de qué lindo el recital es fuimos a un lugar donde tienen una crème brûlée casi tan rica como la que preparo yo; el verano no es Navidad o las vacaciones, es muchas muchas ensaladas distintas, cerveza, limonada y los mejores tomates del el año para comer como manzanas.

Se supone que estás preparado porque tenés un bagaje teórico de cuatro años taladrándote encima, pero es terrible ver cómo se te va la estantería a la mierda y tenés que empezar de nuevo la primera vez que ves a un paciente de carne y hueso y no de power point.

Voy caminando –y me encanta hacerlo- cada vez que el tiempo no me corre y que las distancias no son demasiado largas.

No sé si es la costumbre de dormir poco y levantarme siempre a horas inhóspitas, pero de un tiempo para acá tiendo a despertarme temprano y sin sueño los fines de semana.

Las mudanzas siguen estresándome aunque la actual sea la cuarta en menos de dos años, pero qué lindo que es aprovechar para deshacerte de todo ese montón de cosas que ya no tenés ganas de llevar con vos.

Seven days in sunny June de Jamiroquai, If I ever feel better de Phoenix, Heat of the Moment de Kevin Johansen, Prelude to a kiss de Duke Ellington, Força estranha de Caetano, Treehouse de I’m from Barcelona, Stay out of trouble de Kings of Convenience, Sun de Lisandro y seguro que me olvido de un par: hay canciones que automáticamente me suman cinco o seis puntos en buen humor sin importar cuál sea el estado basal.

No sé si hay algo que me resulte más atractivo que escuchar hablar a alguien y no sólo darme cuenta de que sabe perfectamente lo que está diciendo, sino además percibir en su tono de voz una profunda pasión por lo que hace.

sábado, 6 de marzo de 2010

Final de juego

(….) Bueno, y por todas esas cosas no voy a venir más.

-Ajá. Hablame de tus vacaciones, J. -me semiincorporé sobre el diván y la miré levantando una sola ceja. ¿Había prestado atención a todo lo que le acababa de decir? ¿Estuvo fumando paco vencido? ¿Le resumo el sentido completo de cosmovisión actual y me pregunta sobre mis vacaciones?-. Sí, tus vacaciones, ¿por qué esa cara?

Le relaté con detalles el raid patagónico en compañía de él y de M. Le hablé del alpax que me tomé en el vuelo de ida porque me estaban alterando unos nenitos chillones, de los rumanos, del belicoso viaje Neuquén-Bariloche, de Koki y de lo conductora ejemplar y mujer adorable que es la Reina Madre, de cómo mis fugaces amores neuquinos no se habían olvidado de mí, de los proyectos de expansión del Imperio, de dónde conviene comer trucha y comprar arándanos, de lo goma que me parece Francis Mallman aunque quiero que me adopte y bla bla bla.


-Bueno, creo que eso fueron mis vacaciones básicamente. Pará, porque al final es cualquiera, te digo que no quiero venir más porque X pero hice exactamente lo contrario, ¿no?

Incluso sin verla supe que estaba sonriendo.

-Me acordaba de lo que hablábamos una vez sobre tus vacaciones anteriores. Que querías ir a un lugar en el medio de la nada, no ver ni conocer a nadie, desenchufarte por completo, quedarte tirado en la arena hasta que tuvieran que darte ionotrópicos para levantarte... Relajarte, básicamente ¿no?

-…

-Las vacaciones son hacer todo lo que uno no hace durante el año, vivir una vida que no existe en el cotidiano. A lo mejor no haber parado un segundo, haber estado con mucha gente todo el tiempo tiene que ver justamente con eso: con que te estés dando, estés creando otros lugares y otros momentos para relajarte y para estar a solas con vos mismo que no son exclusivamente la segunda de enero.

Un rato después, bajando en el ascensor, dice mirándome bien a los ojos:

-Un placer haber trabajado con vos, ¿eh?, pero la verdad es que igual espero no volver a verte nunca más.

-Significaría que al final todo esto sirvió para algo, ¿no?

-Exacto.

Mientras volvía a casa cumpliendo con ese ritual ineludible de fumar, caminar despacio y masticar todo lo que se dijo en la hora anterior pensaba que qué sensación rara y qué parecida a la que me queda con los profesores de los que aprendo mucho y que no podría definir en una palabra, pero que tiene mucho olor a nostalgia, admiración y agradecimiento.