miércoles, 30 de diciembre de 2009

Apenas medio elenco estable

-¿Sabés qué es lo que parece que te molesta de todo esto, J.? No que escriba, no que fisgonee en tu blog: que demuestre que le interesás. Y no necesariamente que te odia o que te ama o que te extraña o lo que fuese: que le interesás. No te bancás que demuestre interés en vos. No se lo bancabas ya a A. las pocas veces que lo hacía, no se lo bancaste a J. en su momento; te fastidiaba de M., de E., de F.; y perdiste la paciencia con G1. justo cuando parecía que empezaba a jugarse por vos. En cambio, fijate que ahora caés rendido a los pies de G2., que parece que en realidad no te da demasiada bola, ¿no?

-...

PUTA PUTA PUTA. Decí que después me prestó un libro que parece que está muy bueno, porque si no la azotaba hasta la demencia ahí mismo, en el consultorio.

sábado, 26 de diciembre de 2009



Volví a mirar el telegrama y pensé en lo curioso que era que unas pocas letras negras en un papel amarillo pudieran hacer sentirse a al gente como se sentía mamá. Pensé en qué pasaría si las letras negras se cambiaran un poco para que dijeran otra cosa, lo que fuese. (...) Pensé en aquella carta en la que decía que iba a llevarme a ver la playa y las olas cuando volviera a casa, y la pequeña parcela desbrozada por papá se hizo completamente borrosa, y supe que estaba llorando.

John Kennedy Toole, La Biblia de neón.

Toole tiene esa prosa que se disfruta inevitablemente, que dan ganas de seguir leyendo y a la misma vez que no se termine nunca. Hace que la voracidad frenética e instintiva de ponerme al día con toda la literatura que por falta de tiempo no puedo tragar durante el año se choque con esa sensación de querer esperar; de transformar el acto de leer en más una ceremonia de reposera abajo del sauce, limonada con miel y jengibre y Kings of Convenience que en un dar vuelta las hojas en el subte sólo para que el tiempo pase más rápido.

Hacía ratos que no lloraba con un libro, y me acuerdo clarito el primer registro que tengo de haberlo hecho. Mi planta de naranja lima, una vez cuando papá me lo leía antes de dormir y después yo solo, como a los 7 u 8. Me decían hace poco -y yo coincidía por completo- qué indeleble que es esa sensación y cuán clave es para el resto de tu vida ese darte cuenta de que en la literatura hay algo capaz de conmoverte profundamente, algo verdadero.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Jingle bells

Pasa que obvio, hay veces que te escriben y vos leés clarito en esa fucking politeness una cosa que es más sentirte bien con vos mismo que un real darle importancia a lo que le pase al otro. ¿Sabés una cosa? La próxima vez que tengás ganas de sentirte bien con vos mismo, te anotás como voluntario en el Cottolengo Don Orione y ya, no te esforcés por ocupar en mi vida un lugar que no te merecés y -sobre todo- no me rompás las pelotas. Ah, es que tenés miedo de que te dejen adentro. Bueno, no sé, limpiá parabrisas gratis en Juan B. Justo y Santa Fe, qué querés que te diga. Feliz navidá.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

OK, a lo mejor tengo unos problemas con la bebida. Hay un formulario engorroso que tengo que completar para el proceso formal y burocrático de mi nombramiento como docente. Acabo de volcarle champagne encima. Es cierto que la última vez que la vi a mi JTP fue cuando contó orullosa aquello de que "En la UTI al vino lo abríamos así también, con jeringa" pero ¿alguien me explica cómo sacarle el olor a extra brut?

sábado, 19 de diciembre de 2009

Los años que siguen van a ser pesaditos: ahora que me enseñaron a abrir botellas de cerveza con un estetoscopio y vino con una jeringa siento que tengo todos los conocimientos que me interesaban de esta carrera ingrata y que lo que queda será sólo sufrir. Ah, no; cierto que también quiero aprender a autopracticarme una blefaroplastía para cuando cumpla cuarenta.

domingo, 13 de diciembre de 2009

You gotta call the white man

Viernes, 2 am, Rodney y Jorge Newbery.

Yo me contemplaba la cara de ebrio al espejo y trataba de hacer algo con mi aspecto de hoymelevantéalas6:30amytuveundíainfernal, cuando un completo extraño me interrumpió:

-Hola, me dijeron que hable con vos para pegar unos tiros.
(con expresión de no entiendo)-¿Unos tiros?
-Unos tiros, unos pases.
-...
-MER-CA.
-¡Ah! No, disculpá, no te entendía; no, no soy yo, te dijeron mal.
-Uh, disculpá.
-No, todo bien. Tengo gintónic si querés. Y diclofenac de 100.


Soy tan naïf a veces.

sábado, 12 de diciembre de 2009

-...entonces por eso me parece egoísta, injusto, desparejo y fuera de lugar lo que dijiste.

-Sos un gil.

-¿Por qué?

-Porque la tenés re clara con todo, te odio.


Hay cosas por las que bien vale la pena ganarse un enemigo, ¿no?

domingo, 6 de diciembre de 2009

Básicos II

Con el correr de los años me fui dando cuenta de un patrón muy marcado: el único momento en que puedo dejar algo (un capítulo de Las Bases Farmacológicas de la Terapéutica, una relación, una receta, un libro, el caso de un cliente en el trabajo) y seguir con mi vida es cuando entiendo cómo funciona.

Si tuviera que elegir dos y sólo dos placeres en la vida serían sin ningún lugar a dudas comer algo muy rico y dormir hasta que ya no tengo sueño.

Hay un síndrome clásico que me ataca más o menos por esta época del año, cuando se descomprime un poco mi vida académica, que se siente como una cosa vertiginosa de qué es que hacía uno cuando tenía tiempo libre, y de ponerme a pensar de forma más o menos concienzuda en mí mismo. Después, en el momento en que todo se torna lo suficientemente profundo como para que empiecen a salir cuestiones a lo mejor demasiado turbulentas para masticarlas con este calor, dejo todo marinando como en un BACTEC para retomar el sobrenadante el año siguiente, y me voy a estudiar otra vez como si se me fuera la vida en ello.

Prefiero la espondilitis anquilosante al café instantáneo.

Hago terapia desde los 14. No me considero Freud-dependiente, pero sí creo que el diván moldeó buena parte de mí y de mi personalidad pragmática, hiperanalítica y ultrarracional. Un gran amigo me dijo una vez que una de las cosas que más valora de mí es mi capacidad para analizar las situaciones casi desproveyéndolas de la carga emotiva; y yo me di cuenta de que ese pragmatismo, ese sombrero hiperanalítico y esa ultrarracionalidad de los que a veces me gustaría correrme y relajarme un ratito son a la vez artífices de buena parte de mis logros (académicos y no académicos).

En este último tiempo descubrí que soy más parecido a mi madre de lo que me gustaría.

El mejor piropo de mi vida me lo dijeron dos travestis en una panadería que está sobre Corrientes. Yo esperaba y ella pedía una docena de facturas. En un momento me miró muy fijo, y le preguntó a la empleada si “¿A este budincito no me lo podrás envolver para llevar también?”. No sé si alguna vez en mi vida me sonreí tanto.

Pocas cosas me producen una sensación de bienestar parecida a la del olor a césped recién cortado, a lluvia y a pan francés tostado.

El amor es algo muy parecido a comprar un suéter. Está buenísimo probarte todos los que te parecen lindos; y también está buenísimo encontrar uno que te queda pintado. Después un día sin darte cuenta lo lavás con agua caliente y se deforma, o se lo comen las polillas, o te cansás y ya. Incluso es probable que un tiempo después te veas en una foto o en un recuerdo y digas “Pero qué mierda hacía con eso puesto”, pero qué lindo es ese momento en que lo único que querés es despertarte con el olor de la lana nueva, ¿no?

jueves, 3 de diciembre de 2009

Rehab

Brindis por el día del médico en la cátedra donde soy ayudante. Mi JTP, a quien amo más que a mi propia madre:

-Chicos, tengo muestras de carbamazepina, levodopa y midazolam, ¡saben la jarra loca que nos hacemos con eso!