lunes, 31 de agosto de 2009

Sunday night outbox

O hacia un análisis retrospectivo sobre los orígenes del bien y del mal y el uso de Stereophonics en pruebas de potenciales evocados.

de
melquíades

para Lolo
fecha 30 de agosto de 2009 22:41
asunto
enviado por gmail.com

(...) una vez se puso a cantarme Mr. Writer en un tono como de reproche, y me acordé también de cómo me le reí en la cara y le dije que no esperara volver a verme, y de que realmente no la volví a ver después de eso. Ve, en esa época sí que era realmente despiadado yo, a mí recién a los 20 me brotó el órgano de la bondad profunda.

lunes, 24 de agosto de 2009

Enuresis

Hoy mi día empezó con un señor al que mientras bajaba la escalera del subte se le cayó una bolsita que tenía un frasco estéril (pero no hermético) conteniendo una muestra de orina que se desparramó sobre mi pie; y terminó con mi ayudante nueva de patología escuchándome cuando la llamé patética rivotrilizada. Piensen cuáles vendrían a ser los puntos intermedios entre esos dos extremos y tendrán una idea de lo que fue mi lunes.

viernes, 14 de agosto de 2009

Pabre gente

Un placer un poco de abuela y casi sádico que tengo es, cuando estoy en casa en horas piquísimo (ahora, ponele, viernes víspera de fin de semana largo a las ocho de la noche), prender la radio y escuchar en esos típicos informes sobre el estado del tránsito en los principales accesos de la ciudad cosas como MUCHA paciencia en Panamericana ramal Pilar, por un cuádruple choque originado luego de que una pelotuda se agachó a levantar una horquilla para el pelo que se le había caído abajo del asiento se comiera un camión cisterna que explotó sobre la calzada, hay quince kilómetros de embotellamiento. Entonces me acerco a la ventana hasta que la nariz quede casi pegada contra el vidrio, pienso en los pelotudos que salieron de la oficina hace dos horas y siguien poniendo primera segunda primera punto muerto primera segunda punto muerto y suspiro un "Pabre gente" mientras me voy a servir más té y a cambiar de radio.

jueves, 13 de agosto de 2009

Disparar es divino

Yo soy -más por pragmático que por buena persona- un detractor acérrimo de la pena de muerte, excepto en cuestiones de urbanidad.

Creo, por ejemplo, que en la inmensa mayoría de los casos un asesino o un violador es alguien que merece que la sociedad que lo formó como tal asuma la responsabilidad que le corresponde y haga todo lo que esté a su alcance para reinsertarlo tan pronto como sea posible.

Un tipo que no puede respetar reglas tanto más simples como no fumar en lugares cerrados, caminar por la derecha en los pasillos de circulación del subte; que estaciona en doble fila en Berutti y Pueyrredón o no respeta una fila para subir al ascensor, en cambio, no. Es una escoria de la naturaleza cuya única función en este mundo es derrochar oxígeno y alimentos, vivir a expensas del Estado y cagarse en sus semejantes; una abominación humana que como tal merece ser ahogado en una bañera llena de gas sarín licuado mientras es fotografiado y filmado para que las generaciones futuras se burlen de sus pupilas puntiformes mientras los hijos de los ejecutados (que serán vendidos como esclavos de segunda selección en un puesto clandestino de la calle Brasil) los apantallan.