lunes, 16 de febrero de 2009

Dos chicos van caminando de la mano por una estación muy concurrida en hora pico.

- No tienen ni vergüenza estos degenerados ya, qué barbaridad -, le dice una señora que tranquilamente podría haber sido Lita de Lázari a otra que también tranquilamente podría haber sido Lita de Lázari, ambas portardoras de ese inconfundible semblante de la gente con enfermedad de Crohn.

Yo, que iba delante de las viejas y detrás de los chicos, me doy vuelta y mirándola fijo le escupo:

- ¿Vio qué cosa, señora? ¡Son putos como su marido!

No sé si porque cuando peleo con viejas por cualquier motivo en lugres públicos mi cara adquiere una expresión de insanía mental que mete miedo, o porque en algún lugar de su minúsculo cerebro se produjo -aleatoriamente, y por primera vez en años- una sinapsis y se dio cuenta de que yo tenía razón, pero se limitó a cerrar la boca que albergaba una dentadura un par de talles más grandes y fruncir los labios en un gesto como de estar oliendo tioles.

sábado, 14 de febrero de 2009

I believe in St. Valentine

Yo le veo clarito a ese odio visceral que algunos proponen como cool y que pregonan contra San Valentín (no contra el abominable mal gusto de los osos de peluche y la ridiculez marketinera de las rosas berretas a precio de trufas negras, sino contra la celebración en sí) el mismo origen que ese resentimiento sin nombre hacia la gente que puede comer sin engordar que huelo a kilómetros en los obesos.

Como dijo Mauro, "Nada dice más 'no pude superar la ruptura, me siento solo y quiero morir' que prenderse en alguna movida Anti-San Valentín."

A mí me parece una excusa buenísima para decirle una vez más a mimarido cuán feliz me hace, cocinar algo más rico de lo habitual y -cuándo no- tomarnos entre los dos una botella de pinot noir cosecha '93 que desde hace un tiempo reservo para una ocasión especial.

martes, 10 de febrero de 2009

El sueño de la razón produce monstruos

Indefectiblemente tu producción onírica será más abundante y -sobre todo- más perturbadora durante las vacaciones de tu analista.

viernes, 6 de febrero de 2009

lunes, 2 de febrero de 2009

Huntington


Esta mañana en el trabajo arruiné el tercer teclado en poco menos de un mes.

En realidad y tal como expliqué a mi jefe cuando me sugirió que evalúe comprarme una taza con tapa, claramente no fue mi culpa en ninguna de las ocasiones. A la primera reposición la empresa debería haber dispuesto la compra de equipos resistentes al Earl Grey, y además haber iniciado un sumario indagando qué hacía yo tomando té que compro por mi cuenta siendo que tengo café a disposición. Entonces hubiera quedado claro que el brebaje inmundo que se hace llamar capuccino parece más bien juguito de paraguas sucio y el cortado tiene aspecto de producto de drenaje de un absceso gingival, por lo que se hubiese solicitado la formación de un grupo de mejoras integrado por personas de todos los sectores que seguramente resolvería por unanimidad la necesidad impostergable de prender fuego con aguarrás y en el estacionamiento a la máquina de infusiones y cambiar la que expende latas de Pepsi por otra que sirva english breakfast y merlot por la mañana, sen cha y sauvignon blanc al mediodía y darjeeling y gin tónic al caer la tarde. Entonces todos los empleados, chochos con los cambios, preguntarían de quién fue la brillante idea, se convertirá en un mito lo de los teclados arruinados y yo seré promovido a un cargo de consultor vitalicio rentado en medio de los mayores festejos de los que se tenga memoria en la empresa.

Claro, y después se preguntan por qué la productividad baja y por qué no encabezamos la lista de Great Place to Work.