lunes, 5 de mayo de 2008

Síndrome del miembro fantasma.

Como cuando en el subte alguien se para para bajarse en la misma estación que vos, y algo te hace estar seguro de que van para el mismo lado, de que vive en esa casa de la que nunca ves salir gente y que está al lado de la tuya, y a medida que pasan las cuadras y siguen caminando casi a la par tu convicción es cada vez más certeza que convicción; hasta que te distraés disfrutando lo lindo que está el día y para cuando te querés dar cuenta estás caminando solo. En ese momento girás la cabeza, te parece que quedó atrás del último semáforo pero no estás seguro de si es o no es (los lentes están sucios de tanto limpiarlos con la punta de la remera), y se empieza a librar adentro tuyo una batalla campal, y no sabés si bajar un poco la marcha y esperar (¿esperar qué?, ¿a quién?, ¿acaso sabés quién es?, ¿acaso alguien más que vos dijo que van para el mismo lado?) o al contrario, seguir caminando, si total vos tenés más o menos claro adónde vas, y en definitiva en el mejor de los casos se volverán a cruzar, si es que llegan más o menos a tiempo y -sobre todo- si es que no es una casualidad pelotuda, un simple diálogo de inconscientes el hecho de que compartieran un par de cuadras en un día de sol.

1 comentario:

Pura López dijo...

ay pero por dios, me pasó tal cual con mi vecina(que describi en un post reciente en mi blog). que barbaro che.otra vez el infamundo del subte.