jueves, 1 de mayo de 2008

Acarreo una sensación como de extraña inminencia. Como de morderte los talones sentado en un pasillo mientras esperás los resultados de un examen, aunque sin examen, claro. No debe confundirse con ese presentimiento apocalíptico, como de pelota de rugby en algún lugar cerca del hiato esofágico, que es de en cualquier momento va a pasar algo. Esta que digo es una percepción de inevitabilidad, de lo importante acá ya pasó y yo estoy bailando sobre el barril de pólvora, mirando la tele con el cadáver del archiduque de Austria-Hungría en el cajón de los cubiertos.

La diferencia con, ponéle, un examen, es que parece que acá la instancia definitoria, el momento en el que tuviste la posibilidad de elegir o de provocar el primero de los hechos que desencadena una serie de reacciones acopladas, la forma de ese primer paso en la vía se disgrega en la gran masa de solvente que es esta pelota de ping pong que se me sacude por ahí, cerca de donde se bifurca la tráquea.

1 comentario:

melquíades dijo...

Lo malo de ser yo es que como no tengo vida mi stock de ejemplos ilustrativos y metáforas es muy limitado, y siempre gira en torno a las mismas aburridas cosas.