sábado, 29 de marzo de 2008

Acabo de prepararme el primer café del año académico. Esto es el principio de un largo fin para mi vida.

martes, 25 de marzo de 2008

PCR *

Si de algo no puede acusárseme es de oficialista genuflexo, de kirchnerista, de incondicional o de incoherente.

Recién fui hasta Santa Fe a comprar cigarrillos y escucharlos con su batahola demencial, aullando consignas de oligofrénico de cuatro años, taladrándome a bocinazos de taxista con aires de magnate petrolero que está a punto de perder un vuelo a Dubai; les juro que me sacude el enano stalinista, me dan ganas de comprarme un kalashnikov y subir en dirección a Coronel Díaz haciendo limpieza y ensuciando las veredas con sus vísceras recoletas, de partirles los zapallos huecos y las mentalidades estrechas como surco de arado a martillazo limpio.

De sólo pensar en la sarta de barbaridades que voy a tener que escuchar mañana de boca de todos mis compañeritos nuevos de la facultad, diciendo que tener catorce mil hectáreas de campo, ciento veinticuatro empleados y una flota de camiones cerealeros es ser un pequeño productor y que están hartos de que los agobien a impuestos mientras papi les paga los anticonceptivos y el cable para que puedan seguir viendo C5N quiero rociarme en bencina y prenderme fuego a lo bonzo.

Yo no voté a Cristilinga. No la voté y no la votaría. Pero cuando en cualquiera de los escenarios posibles (y para ser fieles a sus tradiciones de marranos gataflorescos) lloren, o porque el gobierno cede y pierde superávit con el que sostener el dólar que mantiene su estilo de vida inmundo y tercermundista o porque ellos ceden y terminan teniendo que meterse en el orto las cebollas que durante este tiempo guardaron haciendo alarde de su testosterona rancia, ahí voy a estar yo para reírmeles en la cara mientras disfruto de mi vida en la ciudad.


* PCR es la abreviatura que mi madre suele usar para paisanos culorroto.

domingo, 23 de marzo de 2008

Estoy tomándome a intervalos de entre seis y doce horas la mitad del vademecum. Algunas pastillas alivian los síntomas que me provocan unas vulgares anginas bacterianas que a mí me parecen tan insoportables como una osteomielitis, otras alivian los síntomas que me provocan las pastillas que tomo para aliviar los síntomas que me provocan unas vulgares anginas bacterianas. Entre unos y otros comprimidos cae decapitada mi función digestiva y hepática, claro.

Hace alrededor de una hora que Agustín habla con un amigo sobre los oráculos mayas y otra cantidad de cosas que trato de no escuchar para evitar el divorcio por motivos de conciencia. Es sabido que mi grado de intolerancia es alto, pero en cuestiones que coquetean con lo irracional y lo curanderil los niveles se disparan en curva exponencial. (Tomo nota para tocarlo en mi próxima sesión de análisis)

En cualquier momento sello las ventanas con cinta scotch y abro el gas al mejor estilo Geraldine Page en Interiors. Felices pascuas, la casa está en orden.


jueves, 20 de marzo de 2008

miércoles, 19 de marzo de 2008

Acabo de chequear las asignaciones de materias en la facultad. Por primera vez en mi vida universitaria me respetaron a rajatabla los horarios que pedí. No sé si tomarlo como una señal del destino de que este va a ser un gran año académico o, por el contario, elucubrar acerca de cómo la UBA va a cobrarme semejante favor. Por las dudas en este fin de semana largo voy a proceder a acumular un razonable stock de horas de sueño y café: de un modo u otro en poco tiempo voy a necesitar las dos cosas.

sábado, 15 de marzo de 2008

Grigio

Hace un tiempo compré una linda edición de la Torá para Fabricio. Como accesorio a cumplir su pedido descubrí una vinería nueva que abrieron a la vuelta, sobre Agüero, y que de ese momento para acá no hizo más que alimentar (como si acaso eso fuese necesario) mi lado alcohólico y consumista. Según sus propias palabras (y él es mi asesor en asuntos políticos), no debo albergar la mínima culpa al encontrarme aullando proclamas antisemitas y acusando al judaísmo de mi relación con el etanol. Pues bien, no lo hago.

De cualquier manera y junto con la farmacia, es mi nuevo negocio favorito. Compré verdaderas joyas como una cosecha 93 de pinot noir por ridículos 30 pesos, y la señora que atiende y su esposo saben aconsejar sin caer en ridiculeces de sommelier pretencioso que te sugiere un merlot Rutini de 275 pesos la botella para tomar con los ravioles de La Juvenil que compraste para cenar un jueves a la noche.

El punto es, recuerdo que Charlotte hablaba una vez sobre eso que pasa cuando te das cuenta de que un perfume es tu perfume. Es difícil de explicar también la sensación del día en que me dí cuenta de que el earl grey era mi té; pero hace unos días volvió a pasarme algo parecido, cuando por consejo de la amable y paciente mujer (que por la seguridad con la que habla de cepas, bodegas y taninos -y a pesar de lo poco glamoroso que parezca a primera vista su delantal azul, como de escuela técnica- parece haber probado y memorizado cada una de las botellas que vende) llevé una botella de Pinot gris. Y sí, ese es mi vino blanco.

martes, 4 de marzo de 2008

Distintos

A distintas horas del día de hoy recibí una serie de mails de distintos remitentes alertando sobre teóricos distintos sátiros que acechan en distintos rincones de Buenos Aires, con distinto grado de inverosimilitud: la facultad, los alrededores de la plaza que está en Sucre y Zapioloa (¿es que acaso los pelotudos de Belgrano no tuvieron suficiente con el francotirador ya?), la estación nosequé de la línea H (una nueva línea de subtes necesita un nuevo violador serial, naturalmente) y distintos lugares más de cuyo nombre no quiero acordarme.

A la próxima sucesión de líneas incoherentes, inútiles y estimuladoras de la paranoia que reciba; la justicia distinta y por mano propia la voy a hacer yo, yendo con una plancha churrasquera de aleación de distintos metales y partiéndosela en los distintos dientes a cada uno de los distintos remitentes. Para spam ya tengo suficiente con Gertrudi Hilton y Kelli Sutherland.
Durante todas mis vacaciones no hice más que ingerir dieciocho mil calorías y caminar menos de cuatro metros al día. Finalmente todos los esfuerzos dieron sus frutos, subí cinco kilos y por primera vez en mi vida y en mi metro setenta y cuatro, logré romper para arriba la barrera psicológica de los sesenta kilos y reintegrarme orgulloso a mis labores pesando 60,3 kg para que me reciban diciéndome "Estás más flaco, ¿adelgazaste en las vacaciones?". Los voy a hacer formar en fila para azotarlos con un clavo oxidado en la punta de una escoba de paja llena de heces de roedores con el virus hanta y ahora sí, es una cruzada, voy a alimentarme sólo a té rojo y tomates secos en tostadas de arroz, y les juro, les juro, que hasta no pesar la mitad que Allegra Versace y tener tres de IMC no paro.