viernes, 26 de enero de 2007

Cotidianeidad y reflejos condicionados

No sé. Será que no estoy acostumbrado, que durante el año entre facultades, trabajos y viajes nos cruzamos poco, que mis hermanas actuaban como una suerte de conciliador que ahora no está, que me estoy poniendo cada vez más neurótico y misántropo, no sé; pero esto de que yo no curse y mis viejos estén de vacaciones me está haciendo dar cuenta de lo irritante que puede tornarse una convivencia por momentos.

Mi madre se ha convertido (o siempre lo fue y yo vengo a enterarme recién ahora, a mis 20 años) en una persona monotemática, que mientras estoy hablando me interrumpe diciendo algo como "Ay, me hiciste acordar, parece que no tienen nada que ver, pero vas a ver que tiene", y se despacha con una kilométrica anécdota cuya relación con mi monólogo de ese momento es inexistente. Sus temas de conversación (nunca había notado lo acotados que son) siguen una ruta con forma de cinta de möbius, más o menos así:

Vacaciones => Auto nuevo => Trabajo nuevo => Miedo a volar => Estrés => Vacaciones => Auto nuevo => ad infinitum

Mi padre, asimismo, se perfila como un individuo con costumbres que a una persona mentalmente equilibrada pueden parecerle mínimas (abrir mal un cartón de leche, cortar la manteca de cualquier forma, mezclar ropa blanca con ropa de color y teñirme las medias, hevir cebolla en el recipiente que yo uso exclusivamente para calentar agua para té, mezclar las hebras de té verde con las de té earl grey, etcétera, etcétera, etcétera), pero que remueve el enano parricida que tengo adentro.

Y yo, que entre la culpa ahogada por saber que tendría que estar estudiando circuitos del cerebelo y no elaborando teorías sobre las relaciones parentales en verano, una alergia espantosa y un pH estomacal que debe rondar el cero; estoy MUY irritable.

¿Saben qué me vendría muy pero muy bien? Un cóctel de dry martini, ranitidina, benadryl, alplax y ganas de sentar el culo frente a los libros. Y dos o tres meses de vacaciones en serio.